Júlia ‘Pròxima B’

Artista Júlia
Título Pròxima B
Sello Hidden DIY / Malatesta
Fecha salida 06 Oct 2017


       Tracklist

  1.        Índica
  2.        Menta
  3.        No t'ho mereixes
  4.        Cap parat
  5.        Pròxima B
  6.        Diumenges
  7.        Seahorses
  8.        Matèria

No hace demasiado, un grupo de astrónomos descubrió una enana roja, un exoplaneta a unos cuatro años luz del Sistema Solar en el que, al parecer, se dan las condiciones necesarias para pensar en la posibilidad de vida; la mitad de su superficie está iluminada, mientras que la otra permanece en la oscuridad. Los investigadores lo bautizaron como Próxima B. El regreso de Júlia porta el mismo nombre con justicia, en tanto en cuanto ambos comparten el esqueleto fundamental de su condición: la esperanza de que alberguen vida en su interior. El segundo disco de Júlia es el de la reubicación en la forma, no en el fondo. Continuando la línea del sorprendente dream pop de Nuvolàstic (Malatesta Records, 2015), el grupo se ha replegado sobre sí mismo y ha encontrado su forma natural en un dúo que, coyunturalmente, adopta la forma de trío. Estela Tormo y Lídia Vila son el núcleo perfecto de Júlia; su propuesta, que se propone -con éxito- construir con exuberancia desde la austeridad, no necesita nada más. Y, cuando lo necesita, hace oscilar su sonido a partir de satélites como el del productor Javier Vicente, Carasueño.

 

Carasueño, el satélite perfecto: “Queríamos volver a la idea de trabajar con esos sonidos más electrónicos y el dream pop que habían marcado los inicios de Júlia”. Para esa vuelta de tuerca con la electrónica de base, la de los paisajes electrónicos infinitos, Júlia se ha apoyado en Carasueño. Pròxima B tiene, inevitablemente, el carácter humano que el productor consigue imprimirle a todo lo sintético; sus trabajos con Calavera, Alondra Bentley y, sobre todo, con Tulsa en su último disco, lo certifican. Él es uno de los protagonistas de la resurrección electrónica de Miren Iza en La Calma Chicha (2015), otra vuelta de tuerca, mucho más radical que en el caso de Júlia.

Grabado con Adrià Sempere en los White Recorder de Alcoi, el hogar de Júlia, y cocinado en algo más de medio año, Pròxima B ofrece una colección que se sumerge con soltura en los paisajes sintéticos y los mantras electrónicos construidos a partir de sintetizadores, programaciones y cajas de ritmo, pero también merced al meticuloso trabajo con guitarras y voces. Ocho canciones, siguiendo con la línea de austeridad cualitativa de su primer disco, componen una segunda entrega que, gracias a la versatilidad de sus bases, las letras construidas con el material del que están hechas las metáforas y la querencia por el estribillo necesario, sitúa a Júlia en la estela de grupos como Austra, pero también les acerca a los primeros y más inspirados Maga.

Las canciones: Pròxima B se articula a partir de canciones que, cada una desde su propio universo, vertebran un disco de electrónica lo-fi que en directo no puede hacer otra cosas sino crecer. Inevitablemente, el tema homónimo del disco actúa de eje principal. Situado estratégicamente en el ecuador del repertorio, contiene todo lo que de bueno tiene el disco: una canción de desarrollo espacial, repleta de mística, que crece a partir de los coros y de una producción escrupulosa donde el detalle va más allá de lo ornamental. Es la mejor versión de un dream pop contenido, sutil, que no estalla con artificios innecesarios, sino que se desarrolla en lo hipnótico, à la Beach House, con una letra que aborda la homosexualidad alejada de lo obvio. En la misma línea están la alcaloide ‘No t’ho mereixes’, de magnífica tormenta final, y ‘Matèria’, que cierra el disco. ‘Menta’, sin embargo, sí estalla. Y desde el comienzo, merced a una base que juega, en realidad, con todos los elementos de la revolución de Júlia en Pròxima B: la alineación ideal de guitarras, bases y un estimulante universo lírico recreado a partir de la geometría vocal. Evocación multisensorial para liderar un grupo de canciones que, en su segundo disco, evidencia que Júlia también puede invitar al baile; en ese grupo están ‘Índica’, que las emparenta con las suecas JJ y el balearic sound menos obvio, ‘Cap parat’ y su adictivo estribillo inicial y la hedonista ‘Diumenges’, guiadas por un teclado de pista de baile. Mención aparte para ‘Seahorses’, himno de calígine marina que invita a la revolución e integra a la perfección sintetizadores, monotron y cajas de ritmo con guitarras y voces. El regreso a los orígenes de Júlia ofrece la ambivalencia excepcional del planeta que da nombre al disco: luz y oscuridad, todo al mismo tiempo; de la base a lo Black Celebration que inaugura ‘Menta’ al desarrollo hipnótico de ‘Pròxima B’, pasando por las guitarras de ‘Índica’, los sintetizadores de ‘Diumenges’ o el ritmo travieso de ‘Cap Parat’. Juntos, todos los aciertos de Pròxima B constituyen la evidencia del enorme paso al frente de Júlia con su segundo disco.